Por Melina Raco*
El Domingo por la mañana se dio a conocer la desaparición de una niña de 10 años en el barrio Villa Trujui de la localidad bonaerense de San Miguel. Desde ese momento comenzó una intensa búsqueda; familiares, vecinos y amigos levantaron la voz pidiendo que aparezca con vida la pequeña Sheila.
Las primeras horas fueron claves para discutir y tratar de descifrar quiénes eran los culpables de la desaparición, algunos apuntaron a la madre -ya que declaró haber sido responsable del ingreso de estupefacientes en el penal de Florencio Varela-, otros aseguraron que existía un conflicto monetario entre los padres de la chiquita por el cobro de la Asignación Universal por Hijo, pero nadie señaló a la madrina embarazada de ocho meses.
Leonela Ayala de 25 años, hermana del padre de Sheila, expresó en diferentes medios de comunicación su dolor y brindó varias entrevistas en las que acusó a la mamá de su sobrina de ser autora del horror por el que estaban pasando y que ella cuidaba de los hijos de su hermano como si fueran propios, “los retaba como tía, nunca les levanté la mano, jamás en mi vida, si les pego, les pego a mis hijos pero no a hijos ajenos”, agregó ensayando una sonrisa tierna y dolorida.
El jueves mientras Leonela visitaba los canales de televisión se produjo el hallazgo del cuerpo sin vida de Sheila, no pasó mucho tiempo para la confesión. La tía de la menor y su esposo Fabián González se habrían quebrado y reconocido el crimen: “Tomamos alcohol, drogas y no sabemos qué pasó”. Según informaron fuentes oficiales, la niña habría sido secuestrada, abusada y ahorcada con una sábana infantil el mismo domingo de la desaparición.
Además, se cree que el asesinato habría ocurrido delante de los hijos de los victimarios, sus primos, quienes también habrían convivido desde el jueves con el cadáver de la menor. Los vicios, la marginalidad y la perversidad de los adultos se han metido una vez más con la inocencia de la infancia.
“Ni un niño menos”
Escucho un pedido a gritos: “Ni una menos”. Esta vez, frente al caso que tiene en vilo y conmovido al país sobre el brutal crimen de Sheila, todas somos Sheila y por supuesto que sí lo somos, me sumo a ese grito pero pido que se amplíe, que se amplíe a “Ni un niño menos” porque aseguro que los primos de Sheila que no fueron asesinados ya están muertos en vida.
Por esa vida que los condena de pequeños a sufrir la marginalidad, a presenciar actos vandálicos, crímenes y vaya uno a saber cuántas cosas más que ni siquiera nos imaginamos aquellos que tuvimos la fortuna de crecer en una familia “normal”; y si la sospecha de que los pequeños estuvieron en el momento de tal
aberración es cierta y si también es cierto que convivieron con el cadáver de su primita durante cuatro días, cuán vivos se puede creer que estos chicos están.
Con dolor me sumo a este pedido de justicia, pero agrego: “Ni un niño menos, vivos los quiero”.
*Téc. Periodista, Lic. en Comunicación Social.
